Anoche salí a cenar. Era una noche preciosa, ni frío ni calor. Corría una brisa agradable que parecía llevarse consigo todas las soledades humanas. Me sentía bien. Hacía meses que no pasaba un rato tan agradable.
El único problema fue cuando me di cuenta que no tenía la tarjeta del coche. Entre que era tarde, de noche... Me puse a pensar y me di cuenta que debí perderla en el cine, antes de ir a cenar. Rauda y veloz, subí la escalera mecánica que conducía a las salas y pregunté al chico de la limpieza.
- Sí, encontré en el suelo una tarjeta de Renault.
Respiré. Volví a casa, aún con media sonrisa pegada a mi cara.
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