Friday, August 31, 2012

Todo listo

Hoy toca hacer las maletas. A las cuatro de la madrugada salgo en coche camino de Cádiz, más exactamente a La Barrosa, cerca de Sancti Petri.
Pasaré unos días junto a unos amigos, tomaré el sol, y sí, sin falta, seguiré escribiendo desde las dunas de la playa. 
Hacía mucho tiempo que no sentía éstas ganas de hacer tantas cosas, y debo aprovechar el empujón. Siento como si el miedo hubiese desaparecido, como absorbido por el aire circundante y el viento tan fuerte que hoy sopla lo hubiese arrastrado muy lejos. Y es gratificante, sienta bien. Creo me merezco tan solo un poquito de alegría. 
En fin, a hacer maletas —cosa que no me agrada en absoluto—, siempre me olvido de meter algo importante. Debo acostarme pronto esta noche que me espera un largo trayecto. 
¡Nos vemos en Cádiz! ;-)

Thursday, August 30, 2012

Cumpleaños de Tatiana












Orbium coelestium

Noche de sábanas húmedas;
corazones anhelantes.
La luna brilla y parpadea
esperando a su amante.

Y yo aquí abajo, amando. 
Miro tu rostro; en la negrura,
perfilo letras y soñando
busco tus labios; en la espesura. 

Un breve momento
en una larga mañana
sus huellas eternas dejan
sembrada tristeza en mi alma.

Ausentes las risas se alejan,
pérfidas muecas de falsas canciones
encuentra a su paso el viajero,
proscrito y solo, las ilusiones.







Wednesday, August 29, 2012

Polvo lunar

Os tengo abandonados. Ya lo sé. Me acaban de recriminar que os tengo en vilo con la novela. Lo sé. He tenido una semana de introspección. ¡No es broma! He pintado, cocinado, probado recetas... En fin. De todo. Mañana es el cumpleaños de mi hija Tatiana, cumple once años. De niña a mujer en un parpadeo. Las primera discusiones con una preadolescente son terribles. No sé por dónde salir. De ser mi niñita se está convirtiendo en una mujercita. En nada dejará de prestarme atención y sólo ser esa "vieja que me chilla". 
Creo que éste es un año de cambios. Me he puesto varios objetivos de aquí a Navidades. Grandes algunos, ansiados los otros, pero todos realizables. A la vuelta de vacaciones comienzo con el primer pasito, como aquel que dio Neil Armstrong sobre la superficie de la luna. Aquella huella que aún se puede apreciar; inmutable, estática, permanente, sobre el polvo lunar. 
Os prometo que hoy sí o sí habrá capítulo 16. Y éste viene con sorpresa...

Tuesday, August 28, 2012

¿En qué pienso?




En... que estoy ahora misma tan aburrida como para ponerme a recortar una foto en Photoshop de mi recién duchada. Un poco de banalidad no le viene mal a nadie. 
Y hablando de banalidades... me recuerda una frase que solía decir Jorge Corral Novoa, un compañero de Oracle —y uno de tantos gerentes a los cuales les tiraba las orejas por no imputar las horas a tiempo— donde trabajé hace años: "Mientras que el sexo es la banalidad de los ignorantes, la ciencia es el orgasmo supremo de las mentes pensantes". Y yo agrego: "No hay nada más terrible, insultante y deprimente que la banalidad". Antón Pávlovich Chéjov. 
Y de mi cosecha: "La banalidad es a las personas lo que el pepinillo a la hamburguesa. Intrascendente, pero 100% complementario."

Vacaciones

Quedan tres días... para irme a Cádiz... Y muchas cosas que planificar cuando llegue. ¿Ave Fénix? Esta vez, sí.

Monday, August 27, 2012

Budín de grosellas rojas y semillas de amapolas


Red Currant and Poppy Seed Cake
Yields 1 9″x5″ loaf
Ingredients:
180 grams flour
4 grams baking powder
3 grams salt
250 grams sugar
Zest of 1 orange
170 grams butter, room temperature
1 teaspoon vanilla extract
1/2 teaspoon orange extract
2 eggs
180 grams buttermilk
7 grams poppy seeds
100 grams fresh red currants, washed and separated from stem
60 grams powdered sugar, sifted
1 tablespoon orange juice
Method:
Heat the oven to 350 degrees F. Grease and flour a 9″x5″ loaf pan and set aside.
Whisk the flour, baking powder, salt and set aside.
Stir the sugar and the orange zest together until well-combined and fragrant. Using a stand mixer with a paddle attachment, cream the butter and sugar/zest mixture together until light. Add the vanilla and orange extracts. Add the eggs one at a time, mixing well until thoroughly incorporated, scraping down the sides of the bowl as needed.
Add the flour mixture in two additions, alternating with the buttermilk. Add the poppy seeds. Process the batter until smooth, about 15-20 seconds. Fold in the red currants.
To make the orange glaze, whisk the powdered sugar and orange juice until creamy. If needed, add more orange juice, a little at a time, until the correct consistency is achieved (thick, smooth, yet still liquid).
Pour the batter into the pan and bake until the cake is firm and a tester inserted into the center comes out clean, about 50-60 minutes. Cool for an hour and drizzle with orange glaze.  Let glaze set before serving.

Reeses Peanut Butter Cheesecake


Reeses Cheesecake

Reeses Cheesecake with Oreos and Peanut Butter

Reeses Peanut Butter Cheesecake
Reeses Peanut Butter Cheesecake

Recipe type: Dessert
Prep time: 45 mins
Cook time: 2 hours 15 mins
Total time: 3 hours
Serves: 12
A rich, decadent, dreamy cheesecake perfect for a celebratory occasion.
Ingredients
  • 18 oz Oreo cookies (1 package)
  • 1 cup chopped roasted peanuts
  • 1/2 cup butter, melted
  • 32 oz cream cheese, room temperature
  • 5 eggs, room temperature
  • 1 1/2 cups light brown sugar, firmly packed
  • 1 cup peanut butter (I used smooth)
  • 1/2 cup heavy cream
  • 1 teaspoon vanilla extract
  • 9 oz reese’s mini peanut butter cups, cut up into small pieces
  • 5 oz semi-sweet chocolate chips
  • 1/4 cup sour cream
  • 1 mini heath bar, grated
  • heavy duty aluminum foil
Instructions
  1. Preheat over to 350 degrees F. Process oreos and peanuts in food processor until mixture resembles crumbs and combine with melted butter
  2. Tear off several pieces of heavy duty aluminum foil and wrap tightly around and up the sides of the spring-form pan. Pat the crust mixture in bottom and half way up the sides of 10 inch spring-form pan. Refrigerate crust while you are making the batter.
  3. In separate bowl beat the cream cheese until smooth (do not over beat)
  4. Add eggs one at a time, beating just until combined
  5. Add cream, peanut butter, and sugar, beat until just combined
  6. Add vanilla and fold in peanut butter cups (reserving a few to sprinkle on top of the cake when baked) with a spoon or spatula
  7. Pour batter into spring-form pan
  8. Put spring-form pan into roasting pan and pour hot water into roasting pan 1/2-1 inch up the sides
  9. Bake at 350 degrees F for 15 minutes then decrease temperature to 200 degrees F and bake for 2 hours. Turn oven off. Remove cheesecake from oven and run a thin knife around the sides to loosen it from the pan. Put cheesecake back in the oven for another 2 hours. (It is important for the cheesecake to bake slowly at different temperatures and cool down gradually so that it does not crack in the middle).
  10. To make chocolate topping melt semi-sweet chocolate chips with sour cream over low heat and spread over cheesecake.
  11. Refrigerate overnight.
  12. Decorate cheesecake with heath bar shavings and a few cut up mini peanut butter cups.

Noche

El sol arañando la linea. Mis párpados pesados haciéndome cosquillas. El pueblo absorbido por un completo silencio, sumido en la quietud de la noche. Frases sencillas, palabras fáciles. Sueños arrastrados como peso muerto hacia el abismo de la realidad. Constante, omnipresente, testigo de mi inconciente. Escucha mis secretos y observa atentamente. Un sonido me despierta. La cama se vuelve grandeza. Me hundo en las sábanas de un mar tormentoso. Las olas violentas me azotan el rostro y me obligan a ver, a mirar, a observar la lejanía. Una brisa fresca intenta con vehemencia despertar mi aturdimiento. 
Doy vueltas. El run run no cesa, el clamor por el movimiento me eleva de las tinieblas del sopor a la frialdad de la certeza, a la certidumbre de la soledad. A mi lado no hay nadie. Los abrazos olvidados se precipitan al olvido. Los besos se convierten en leyenda postrera. Soledad. Noche aciaga y despertar aún más sentido.

Sunday, August 26, 2012

Oreo brownies


Fudgy Oreo Brownies | sugar & snapshots

OREO BROWNIES RECIPE

Yield: 16 brownies in a 8x8x3-inch (20cm) square pan
Cooking time: 30-35 minutes

INGREDIENTS

    5 1/2 oz (165g) unsalted butter
    7 oz (200g) semi-sweet chocolate, finely chopped
    4 eggs
    5 1/2 oz (165g) light brown sugar
    3 tbsp all-purpose flour
    1 tbsp cocoa powder
    A pinch of salt
    16 Oreo cookies, broken into pieces

INSTRUCTIONS

  1. Preheat your oven to about 350°F (180°C). Line an 8x8x3-inch (20cm) baking pan with baking paper with the paper overlapping the sides (this will make them easier to lift out of the pan after baking.
  2. Melt your butter in a pan over medium heat. Remove from heat and add the chopped chocolate, stir until smooth and well combined.
  3. Whisk the eggs in a large mixing bowl until they triple in volume. Add half the brown sugar around the outer edge of the eggs in the bowl (so you don’t knock the air out of the mix) and whisk until incorporated. Add the remaining sugar again around the edge, and whisk again for a few minutes until the mix is smooth and you can’t feel any sugar crystals in between your fingers. Whisk the melted chocolate into the eggs quickly to incorporate it.
  4. Add the dry ingredients (flour, cocoa, salt and a third of the broken up Oreos) around the edge of the bowl and fold in until combined, taking care not to knock the air out. Pour the mix into the paper-lined baking pan. Scatter the remaining chunks of Oreo cookies over the top of the mixture, pressing some into the batter. Bake for 30-35 minutes or until the middle is only slightly gooey.
  5. Set the pan on a wire rack to cool completely. When cooled, lift the baking paper and brownies out of the pan and set on a cutting board. Cut into 2×2-inch squares (in half and then half again, both ways). Makes 16 Oreo brownies.

Saturday, August 25, 2012

Yo


Con imágenes

Y por qué no el ...


Migas

Dibujó un rostro en el cielo con las migas del alma de su amante muerto y éstas alimentaron su esperanza de seguir viviendo.

Otro

El sol salió en el horizonte y tus ojos reflejaron el sueño de la noche anterior. Nos habíamos amado como estrellas.

Microcuento

Quiso entrar en su corazón, pero se encontró con que estaba "fuera de servicio". Decidió intentarlo por la puerta de emergencias. Besó sus labios y le insufló palabras divinas que devolvieron a sus ojos la energía para continuar.

Thursday, August 23, 2012

De reformas

Extenuada. De aquí para allá. Hoy no he podido escribir, mañana sin falta —o esta noche seguramente, si el gato me vuelve a despertar a las cinco—me pongo a ello. 
He agregado un widget por si queréis hablar conmigo cuando escribo, siempre es agradable tomarse una pausa y despejarse. 
¡Nos vemos!

Wednesday, August 22, 2012

Capítulo 14: Diente de león

—Mami, despierta, despierta. Te has quedado dormida —le dijo Camille mientras sacudía suavemente el brazo de Antje. 
—Mmm... ¿qué pasa? ¿A qué vienen estas prisas? ¿Qué hora es? —preguntó ella abriendo un ojo a la vez que con la mano se tapaba la cara tratando de evitar los rayos de sol que se colaban por la ventana de la habitación. 

El sol de la mañana de junio auguraba un verano cálido. La noche anterior no había refrescado, como solía ocurrir siempre. Había sido una noche estática, muda. Solo habían bajado unos grados, pero los suficientes para que Antje se acostara y se durmiera casi inmediatemante. 
La mañana prometía continuar sin distinción alguna a la noche. Las hojas de los árboles permanecían cosidas a las ramas. Goliath ya se había puesto de pie y esperaba ansioso moviendo el rabo que su amita se levantara y le llevara a a pasear por el campo.
Antje no tenía fuerzas ni para abrir los ojos. Un cansancio que había estirado sus raíces hacia el interior del colchón de su cama la mantenían unida a ella. Se sentó, a duras penas, en la cama. Cada músculo de su cuerpo le pedía una quietud que las prisas de Camille arrancaban de su letargo, lentamente. Un fuerte dolor de cabeza, amplificado por la luz y las palabras de su hija le recordaban su existencia, o, tal vez, lo poco que quedaba de ella. Disfrazando con entereza el dolor y el extremo agotamiento, se puso de pie y se dirigió a la cocina.
—¿Estás bien, mamá? Te veo muy cansada.
—Si, es sólo que... verás... me quedé escribiendo hasta tarde y se me pasaron las horas. Me acosté muy tarde y estoy un poco soñolienta, nada más, cielo —le respondió a Camille, inventándose una excusa plausible a su deplorable estado—. ¿Y tu hermana? ¿Dónde está Trudi?
—Oh, sí. Aún duerme. Intenté despertarla pero no me hace caso, sigue remoloneando en su cama y dice que vayas, que sólo cuando tú estés a su lado se levantará.
Aquel día Trudi estaba enfadada. El día anterior había discutido con una compañera de clase que decía que su padre no la quería y por eso la había abandonado. Ella, sin amedrentarse, había cogido una de las coletas de la otra niña y ni lerda ni perezosa le había asestado un buen tirón de pelo, de esos que duelen hasta la raíz de las neuronas. La maestra lo había presenciado y la había castigado privándola del recreo durante un par de días. Odiaba a los niños que se metían con ella. Odiaba que le recordaran a su padre y que hablaran mal de él. Ella sabía que la quería, que no era cierto lo que decían de él, pero cada vez que la malicia afloraba y las flechas acusadoras de sus compañeros de clase sesgaban el aire en torno a ella éstas le recordaban el dolor que había sentido cuando sus padres habían decidido separarse.  La sensación de vacío repentino, el sentimiento de pérdida y culpa a la vez mezclados con lágrimas amargas de ira contra su madre volvían a su presente y ella, defendiéndose como podía, intentaba luchar contra estos sentimientos.
Antje siempre había sido conciliadora. En su momento, le había explicado a las niñas el porqué de la separación. Ellas, con sus cortos años de vida, trataron de entender algo que se antojaba un sinsentido, un capricho. Buscaban a su padre por todos lados: detrás de las cortinas, debajo de la mesa, dentro del armario. Su padre, su compañero de juegos, ya no vivía en casa, ya no se escondía entre las cortinas del salón. La única forma de encontrarle era cogiendo el teléfono y llamándole a la otra casa, al otro mundo, ese que ellas suponían extraño y lejano a sus conciencias de niñas.
Así, poco a poco y con mucho amor y comprensión por parte de Antje, fueron creciendo y entendiendo cuál era la situación y la madurez —cada día más presente—les trajo consigo la certeza de la irreversibilidad de la separación. Se habían acostumbrado a tener a papá y mamá por separado, a hablar de ellos como dos entes distintos pero unidos por sus palabras, a decir al viento sus nombres y qué éstos fuesen transportados hasta ellos, como en una corriente marina que arrastra en ella a los habitantes del mar.
—Despierta remolona. Se hace tarde. Venga... yo te ayudo con la ropa...
—Es que no quiero ir al cole hoy mamá. Se han metido conmigo, con papá... ya sabes. Y no me gusta —sentenció, haciendo un puchero con la boca.
—Ya sabes que tu padre te quiere y siempre lo hará. Sólo lo dicen para hacerte rabiar. Lo mejor que puedes hacer es ignorar esos comentarios. Recuerda lo que siempre te he dicho que tienes que hacer cuando escuches algo que no te gusta.
—Si, mamá. Cojo con las manos las palabras, las convierto en una bola bien pequeñita y como si fuesen dientes de león, las soplo bien lejos, donde no puedan regresar a mis oídos.
—Veo que no te has olvidado. Ahora venga —le dijo, abrazándola bien fuerte—, levántate y vístete. Se hace tarde para el cole.


Media hora más tarde, Antje estaba andando por el camino del campo con Goliath. Él iba olisqueando las flores, los hierbajos, los recuerdos de otros perros. En cuanto veía una oruga o un saltamontes, se sentaba a su lado, giraba la cabeza mirando a Antje y le señalaba con la pata el hallazgo.
Aunque no se encontraba con ganas de salir ese día, se obligó a ponerle el collar al perro y salir. Pensó que el aire de la mañana le daría algo de fuerzas para deslizarse sobre lo que le quedaba del día, que era mucho y recién comenzaba.
Sus pasos eran lentos, acompasados, sobre algodones. Sus zapatillas apenas dejaban huella sobre la tierra húmeda por la llovizna de la noche anterior. Su pantalón de algodón gris le quedaba holgado, la camiseta flotaba sobre ella. Había perdido varios kilos en los últimos meses. Su clavícula se adivinaba debajo de la ropa. La falta de apetito, la astenia... ahora todo encajaba. Caminaba siguiendo el sendero, pensando en el presente, arrebatando el aliento al aire que le circundaba, arañándole segundos a las horas. Su mirada sin rumbo delataba su tristeza, su desencanto, su desconexión con el tiempo y el espacio.
Unos metros más adelante, al llegar al recodo del camino, levantó la mirada. Goliath empezó a mover el rabo, queriendo zafarse de la correa para ir corriendo al encuentro de lo que llamaba su atención: sentado, sobre la roca, estaba Kurt.



Tuesday, August 21, 2012

La rotura de la diatomea

Calor, silencio. A lo lejos el sonido de la realidad me escupe su vulgaridad. Me sumerjo en mis letras y me evado. El jardín emana una cierta humedad amalgamada en la sequedad de la meseta. Mis tres gatos se restriegan entre mis piernas y me miran pidiendo cariños que me faltan. Los abrazos lejanos ya no se sienten. Esa fuerza descomunal se filtra por los poros y se pierde entre los compases del sol. Día y noche. Noche y día. Añoro esa sentimiento. Ansío ese calor, ese ardor multicolor, el tacto en mi piel y en mi interior. Los recuerdos no se pierden, se aferran y enganchan como algas a las sinapsis de mi cerebro. Borbotean y se sueltan, bailan una milonga y agarraditos vuelven a esperar. Mis abrazos, sus abrazos. La fuerza se diluye, como el café fuerte en un tazón de leche.
Miedo. A la oquedad de las dos letras, a escuchar un terrible silencio, a no ser cierto lo incierto. Sin respuestas ni preguntas me zambullo en la vacilación. Recelo de las palabras, de las nubes de lluvia y de los horizontes cercanos. El cielo me empapa con su lluvia fugaz pero no entiendo sus canciones. 
Solo una letra, una palabra. Un trozo de papel en una botella flotando sin rumbo en las aguas turbias del desasosiego. Certidumbre, razones, certeza. Una palabra, una sola.
Y la luz ilumina mi lobreguez. Inunda con sus rayos lo oscuro. Camino y no dudo. Sé qué hago. Mis dedos se entrelazan en los suyos. Cojo su boca con mis manos y le tiño de carmín sus labios. El vacío se llena de locura, de amores prohibidos ahora permitidos. El silencio invade a la realidad y secuestra lo poco que nos queda. Lo poco que me queda de vida, a media luz, a media vida.

Concurso de El País

Navegando por la página de El País descubrí que tienen abierto un concurso de microrrelatos semanal. Lanzan un tópico y se debe incluir en el relato. Sin pensármelo dos veces escribí un micro relato en versión poesía. Aquí os dejo una captura de pantalla de lo que acabo de publicar. Deseadme suerte...


Podéis ver la página aquí:

http://cultura.elpais.com/cultura/2012/08/19/actualidad/1345402841_360915.html

Para pensar

"Solo quien te quiere de verdad comprende tres cosas de ti... el dolor detrás de tu sonrisa, el amor detrás de tu rabia y las razones detrás de tus silencios"

Monday, August 20, 2012

Microrrelato

Zzzzzzzzzzzz...shhhh...todavía no. Falta un poco ¿Qué dices? No te escucho. Cuando quieras, ya sabes. ¿El último beso? Si, si... Ahí estoy. Y en todas partes.
La hermana le dijo a Fabián que le llamaría.


Sunday, August 19, 2012

Hoy continúo con el capítulo que me falta. ¡Qué calor! Me tomaría una rica cerveza fría.
Las perrinas, a mis pies, me lamen los deditos de los pies.
No corre una gota de aire...

Saturday, August 18, 2012

Friday, August 17, 2012

Verano

Rico el ron con frutas. Piscina, bikini y compañía...el verano en toda su expresión. Me falta la guinda en el pastel.

Leyendo...

... a la par que el libro de Juan Eslava Galán: Me gusta alternar.

Friday, August 10, 2012

Mi solecito



Varios

Noche de Prometheus.
La semana que viene creo que no estaré. Me voy de... Vacaciones...a Almería. Aprovechare para escribir y correr por el paseo marítima,o, que falta me hace.
Odio el diccionario automático del iPad. Me corrige y me cambia lo que quiero escribir.
En fin, qué calor hoy. Ha sido un horno...

Thursday, August 09, 2012

¡Adoptada!

Está claro que esto de buscar hogares a animalillos se me da bien.

Violeta: en acogida






Wednesday, August 08, 2012

Siestita

Siestita y al 14 me pongo, que me he puesto plazos para acabar y publicar la novela. Tengo vistas unas opciones que debo ver bien. Qué nervios.

Ya

Despierta. Cruce de cables y los pies mojados. Sola. Tengo ganas de salir al campo a andar. Quedarme dormida en el camino y despertar con el sol bañándome los pies. Lo necesito.

Tuesday, August 07, 2012

Monday, August 06, 2012

Fear

I´m in love


 

Dame una A...


Capítulo 13: Letras en el diario

 30 de mayo

Son las once de la noche y mis hijas duermen. Hoy he estado en la ciudad. Le he contado a Mariel lo que me ocurre, lo que siento sobre ello. Me ha sabido extraño nombrarlo. Decir que tengo "cáncer" es como oir hablar a alguien en otro idioma. No entiendo nada, no lo tomo como propio. Esa palabra se escapa de mi capacidad de aceptación. No quiero decirla, ni siquiera deletrearla. 
Con Mariel sí he podido. Me ha brindado la confianza que sólo muchos años de amistad pueden ofrecer. Intuía que algo estaba ocurriendo. Y se lo dije. Cuento con ella. Ahora sólo ella lo sabe, bueno, ella y un extraño. 
Hoy he conocido a un hombre. Un hombre que me ayudó al salir de la farmacia. Me bajó la tensión y él me socorrió. Fue una suerte que estuviese allí. ¿Fue suerte? ¿O casualidad? Ahora que lo pienso, nunca he creído en las casualidades. Siempre he pensado que las personas que conocemos estaban predestinadas a cruzarse en nuestro camino, y por ende nosotros en el de ellas. El juego de las parejas, sí, ese que juego con vosotras, el de las cartas que tienen que formar parejas. Creo que las personas tenemos un igual en algún lado, en algún sitio remoto y nuestra tarea es dar con ellos sin buscarlos. Vamos volteando las cartas que consideramos que pueden ser nuestros pares, pero olvidamos que el azar con el que están mezcladas domina el universo de nuestras existencias. Y la existencia no se puede forzar, se está o no en este mundo. 
Se llama Michael. Me acompañó hasta la cafetería Hovenia para cersiorarse que estaba bien. Sus ojos... todo él me atrajo de una forma inexplicable. El tono de voz con el que me hablaba, la delicadeza en la elección de las palabras, la disección acertada que hizo de mi... ¡y no me conocía! ¿Cómo se explica? ¿Cómo puedo sentir esta sensación de un hombre que apenas conozco cuando el reloj juega en mi contra? ¿Cómo pude confiar en él y contarle lo que me pasa? No tengo respuestas para ello. Simplemente algo me hipnotizó y me empujó a abrirme y volverme transparente. Pudo leer mis pensamientos, sintió mi dolor en el suyo, sus palabras de apoyo en mis manos. Algo ha cambiado, algo se ha roto en mi. Siento que este extraño es la carta que faltaba en el juego de las parejas... y el azar ha jugado a mi favor volteándola sin saber. 
Por primera vez en dos años, ha pasado un día entero y no he pensado en él, no he pensado en Kurt. 

Guardó su diario en el cajón de la mesilla de noche y apagó la luz. Goliath la miró de reojo desde su cuna, moviendo el rabo sólo un par de veces como diciendo buenas noches. No habían pasado diez minutos cuando el sueño se apoderó de su cuerpo y sus ojos comenzaron a bailar la danza de la ensoñación nocturna.

Esa noche Michael no se concentraba con El idiota. Leía y releía el mismo párrafo una y otra vez, sin llegar a comprender por qué no entendía ni una sola palabra. Decidió levantarse de la cama y se dirigió a la cocina. Cogió el bote de café y lentamente fue echando los granos del Jamaica en el molinillo de madera que había comprado en su última visita a Bogotá, hacía ya unos años. Una vez molido, lo introdujo en la cafetera italiana y la colocó sobre el fuego de la vitro. Mientras esperaba, se sorprendió dibujando mentalmente el rostro de Antje, otorgándole al conjunto un halo de misterio que no llegaba a comprender, lo mismo que le había ocurrido momentos antes con el libro de Dostoievsky.

Sunday, August 05, 2012

Capítulo 12: Palabras mudas en la noche

Los días se sucedían. Encadenadas al reloj, las horas se iban estirando dolorosamente poco a poco. Antje estaba desconcertada. No quería pensar qué estaba haciendo ni las consecuencias que tendría, sólo actuaba lo que su corazón le dictaba. 
Los encuentros entre Kurt y Antje eran cada día más frecuentes. El paseo diario por la mañana se había tornado de pronto en la bocanada de aire imprescindible para ambos. Los pasos dejaban tras de sí miradas cómplices de amantes fugaces, huellas indelebles sobre la tierra del camino —ahora lo sabía— que el tiempo no podría borrar,  frases atadas a un presente vívido pero a un futuro incierto. 
Lo que había empezado como una simple aventura para él —y ella—se iba difuminando entre las nubes de niebla de la razón y la confusión. Lo que parecía objetivo abrazó lo subjetivo, las palabras lejanas se iban acercando a ambos; como las sombras del atardecer cuando atrapan los últimos rayos de sol de verano, y éstas comenzaron a imponer esa leve sensación de cálida embriaguez cuando estaban juntos. 
—¿Ves esa estrella? —le dijo una noche—. Mira, ahí, en la constelación de Tauro.

Kurt era un aficionado a la astronomía. Noche tras noche se sumergía en la inmensidad de un cielo estrellado y consumía horas estudiando las estrellas, tratando de localizarlas, imaginándoles nuevos vestidos, gestando nuevas criaturas fantásticas en la unión de sus puntos, soñando con ellas mientras despierto sufría...
No era felíz. A pesar de la facilidad pasmosa con la que encontraba astros en la bóveda nocturna, era incapaz de hallar felicidad en la cotidianidad de su hogar. Hacía tiempo que sus palabras no recibían respuestas. Las frases se estrellaban contra los muros y éstas, adheridas a la gravedad que las esclavizaba, iban rebotando en los distintos humores de su mujer, entre los rincones sombríos de una relación en decadencia, para morir ahogadas y en el más absoluto silencio en los propios ojos de Kurt. El tiempo, el hastío, las rutinas de una vida en común; todos ellos ingredientes de un caldo de muerte lenta de los sentimientos que una vez se tuvieron como eternos, como propios y ajenos, enajenando todo lo que toca, lo que huele y absorbe, secando gota a gota y lentamente los comienzos disfrazados de prólogos de vida, de meras palabras de amor confundidas en el tiempo del pasado y marchitadas en el presente. Buscaba alicientes, una escapatoria imaginaria —y más tarde se daría cuenta de ésto— a su condena, a su soledad compartida, a su torre de marfil enclavada en la más alta de las montañas.
Sueños separados en distintas habitaciones tejían sus propios ideales. Lo que asomaba a la vista del viandante como una persona alegre, sociable a más no poder y abierto a la vida, escondía una persona resignada, deshilachada como un trapo viejo, sintiéndose inútil por momentos y culpable de desperdiciar sus días anclado en una relación que no brillaba, que había perdido hacía ya años todo atisbo de vida en común, todo horizonte de sueños compartidos. Era un barco a la deriva, surcando un mar inmenso de preguntas sin respuestas y olas gigantescas de ansiedad que descargaban aún más interrogantes en su ya más que tortuosa vida.
Resignación. Esa palabra que todo lo contamina y desluce nuestros pasos al nombrarla. La resignación que se acepta con la cabeza gacha a pasar un día sí y el siguiente también con alguien que no deseas, que no clava sus ojos en los tuyos, que sus labios ya no saben a azúcar si no a hiel. Alguien en el cual en su día habrías confiado tu vida y tus sueños, tus temores y tus recuerdos. Curiosa la resignación. Uno aprende a resignarse sin apenas darse cuenta. Deja de vivir poco a poco, se olvida de respirar, de ver los colores, confunde el sabor de las cosas y tergiversa las palabras. Nos resignamos a vivir resignados. Y eso es aún peor que morir.
Su ancla era su hija. Aquel pedacito de cielo de una vida en común que había bajado a la tierra para dar sentido a su vida. Era la luz de su camino, su guía espiritual y compañerita inseparable. Al hablar de ella sus pupilas se dilataban, sus ojos comenzaban a brillar y su corazón podía oírse a la distancia. Estaba enganchado a su hija, como el adicto al crack o la heroína. Era su conexión con la vida, la razón por la cual se sacrificaba alargando una relación congelada en el tiempo y el espacio, condenada al pasillo de los matrimonios fallidos que colgaban de los muros de su mente.

—Es Alfa-Tauri, la estrella más brillante de todas. Los árabes la llamaban Aldebarán —le contó mientras cogía fuertemente su mano y le señalaba la estrella en el firmamento. Significa "la que sigue la estela" Antje. Sigue la estela de las Pléyades, las madres de los Dioses griegos. Y eso eres tú para mi, eres mi guía, la que me está enseñando a buscar mi camino, a enseñarme nuevas rutas y que ésta se convierta en un proceso de cambio. Estas ahí, cercana pero alejada a la vez. Te siento aquí —dijo tocándose el corazón—, muy dentro mío. No lo puedo explicar mejor, siento si te incomodo con lo que te estoy contando. Yo... —titubeó—. Yo...
—No lo digas —suplicó ella—. No sigas. Sé lo que dirás. Sabes bien que no lo puedes decir. Una vez dicho, todo cambia. Y tú no puedes... —Y ahí murieron sus palabras.
—Pero es que...
—No Kurt, por favor. No así. No de esta manera. Tu mujer... tu hija... no puedes, no debes. No me permitiría hacerles daño. Esto es una locura —sentenció ella mientras una lágrima invisible a la luz de la luna recorría su mejilla.

Aquella noche Antje se acostó felíz. Sabía el contenido de su silencio, el significado de su frase inconclusa, el final de sus palabras. Ansiaba oírlas y abrazarlo, y decirle que sí, que ella también le amaba, que sí, que sí, que ella le amaba muchísimo. A pesar de ello, a pesar de la censura de sus sentidos y el encierro forzoso de sus palabras, se durmió con una leve sonrisa en la cara, porque lo que no habían podido decir sus labios lo había hecho sus manos. Antes de dormirse, había escrito en un papel: "8 de abril, estrellas, te amo", catalogando una vez más sus sentimientos. 





Noche de cine

En casa. Con sueño pero felíz. Hoy soy felíz. ¿Será un comienzo? 
A pesar de que mi mano me recuerda que hay algo que me quema, no voy a seguir somatizando. Intentaré ver cómo salir de ésta. No es más que un registro de algo inacabado. La peli fue muy larga. La compañía, excelente. Diversificando...


Saturday, August 04, 2012

En el cine. Noche de Batman. Tiritas en los pies.

Morados

Calor. Sueño. Me tumbo a dormir en mi habitación. Un ronroneo en los ojos me invita a soñar.
Falta ya poco para ir a Cádiz. Me subo al coche y conduzco hacia el sur.
Nubarrones de agua me persiguen. Ya no hay pacto, ni acuerdos. La caja se hace más pequeña, me roza mi cuerpo herido y me pide silencio. La gama de morados se torna ocre. El dolor remite. Dentro todo bulle. Sigo viendo ese rostro. Me acuna, me adormezco. El sueño me secuestra.

Friday, August 03, 2012

Mis nenas

Ama, sufre, amas, vives.

¿Por qué vemos negro sobre blanco? Convertimos lo fácil en difícil, nos empecinamos con el sabor más exótico.  Quien poco tiene mucho desea... Y así vivimos esperando coger la zanahoria que nos colocamos en el camino, tan cerca y tan lejana, eterna y fugaz.
La noche nos muestra su rostro más bello, nos recuerda lo nímio de nuestra grandeza, la inmensidad de lo diminuto.
Y se ama lo que no podemos alcanzar, lo negado a la evidencia, el silencio a nuestro ruido. Amamos el tarro de miel más delicioso del estante más alto, ansiamos el sublime sabor de esos labios que nos susurran canciones al oído, melodías sordas para profanos. Y el tic tac implacable... El tiempo que separa y une corazones, que quebranta realidades ocultas a la vida, devolviendo luz a la sombra. Se ama para vivir. Se vive para amar. Y cuando una vez se ha amado se torna imposible olvidar. Lo ocultas, lo disfrazas con atavíos temporales, le pones collares de corales y pretendes ver algo donde la nada se impone... Pero no dura. Te despiertas y sientes que el aire te falta, tu cuerpo se estremece ante la ausencia de él o ella, y te cansas de fingir la vida, desperdiciando segunderos que se tornan eternos. A veces se necesita algo, un forzoso empujón que te acerque al abismo, que te enseñe la verdad y te guíe el sendero. Sientes el dolor de la ausencia carcomiendo tus mentiras, y el terror hueco es superado por la necesidad de enfrentarnos a nuestros miedos. ¿Ya es hora, no creéis? Creo que sí.

Thursday, August 02, 2012

El fuego

Vivo sin vivir un día
Mi mente clavada en los recuerdos,
Tu espectro abarca el horizonte
Y devora todos mis angustias.

El fuego arde a lo lejos
Mi corazón se quema,
Rescoldos aún hirvientes
El orgullo devoran hoy.

Todas las noches mudas
Empiezan y acaban igual,
Almas hermanas se buscan y
Mueren en falsos rincones,
Orgullo y amor, lealtad.

Insomnio

No puedo dormir. Muy nerviosa... Mi cabeza no está aquí. Estoy preocupada...

Wednesday, August 01, 2012