Blancas monedas relucientes se cruzan en mi camino sin saber que el cielo las cobija bajo su manto gris de invierno. Bruñidas manos recorren mi cuerpo y me sacudo de placer al sentirlas en mi sexo. Yo soy toda, me estremezco, mi cuerpo pide a gritos pasión desencontrada, lujuria de otros tiempos con los días olvidadada. Mi piel tiene sed de ti, de tus ojos y de tu mirada.
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