Saturday, October 27, 2012

Muertes

Muerte. Nos rodea y acecha. Nos coge de los talones y de ellos tratamos de zafarnos en cuanto podemos. La rehuímos, la rechazamos y negamos. La relegamos a un futuro lejano, pero lo cierto que solo la apartamos de nuestros pensamientos temporalmente. Siempre vuelve.
El 2012 ha sido un años de muertes. Personas cercanas que se han ido sufriendo, llenos de dolor y pesadumbre. Ahora es otra persona quien se va, quien ha bajado los brazos y en las próximas horas nos dirá adiós. Mis hijas perderán a su abuelo. Un hijo perderá a su padre. 
Agoniza en una cama, ajeno a la realidad, sufriendo la peor de las muertes. ¿Debería llorar? No puedo. Nunca se ma ha dado interpretar la muerte como una pérdida. No puedo expresar con lágrimas lo que ni siquiera puedo esbozar con palabras. Simplemente la dejo estar. Dejo que el curso siga y este sender me recuerda lo fútil de la vida. Que hoy estamos, mañana tal vez no. Que dejamos pasar muchas cosas buenas por otras que valoramos como prioritarias o como más merecedoras de nuestro tiempo. Que confundimos y alargamos el tiempo como un chicle infinito inquebrantable, pero que siempre se rompe, siempre te termina por explotar en la cara. 
A veces la vida se conjuga en presente para vivir un futuro afable. Otras veces, no. 
La muerte es como ese chicle, la vemos solo cuando se nos aparece en la cara y nos envuelve con su nube de algodones negros. Cuando en susurros, nos dice que el tiempo se acabó.

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