Tuesday, July 31, 2012

Capítulo 11: No vuelvas, no escribas, no llames, hazme caso.

Estaba tumbada en su sofá de piel vintage, acomodándose los almohadones y lista para ver una de sus películas favoritas: Cinema Paradiso. Iba a darle play al mando cuando su móvil comenzó a vibrar en la mesilla de café que se encontraba frente al sofá. Sin detenerse a pensar quién podría ser a esas horas, cogió el teléfono y contestó.
—Dígame...
—Mariel, c'est mois, pero no cortes. Necesito verte cuanto antes. S'il vous plaît...—sonó la voz desesperada y atropellada de Cedric al otro lado de la línea, soltando las palabras rápida y automáticamente—. Ça va?
La voz de Cedric la desconcertó tanto que no pudo evitar contestar oui, ça va bien...
—¿De qué me quieres hablar? Creo que sabes bien porqué no te quiero ver. Estás casado y tienes una hija, no me lo puedes negar. ¡Me has engañado como a una tonta! —contestó Mariel chillando a través del teléfono.
—Tienes que dejarme que te explique, no es lo que tú crees...
—¡Ce n´est pas possible! —contestó Mariel tajantemente.
— Atten..attend... ne raccroche pas Mariel, je t´aime—dijo Cedric angustiado.
Mariel escuchó sus palabras y estuvo a punto de cortar sin darle ocasión de contestar hasta que escuchó je t´aime. En ese momento se vio transportada en el tiempo y el espacio. Recordó las veces que él le había dicho aquellas palabras bajo las sábanas mientras hacían el amor, o mientras cenaban en A la Frégate, aquel pequeño y coqueto restaurante de visillos blancos en las ventanas y paredes recubiertas de madera, cercano a la Gare de Lyon, donde solían cenar juntos cuando ella viajaba a París. Recordó la salade de tourteaux frais décortiqués avec vinaigrette de truffe y el soufflé chaud au Grand-Marnier, aquel que calentaba su corazón y la embriagaba dulcemente del exquisito sabor del liqueur. 
Su corazón despertó del frío olvido autoimpuesto y una dubitativa Mariel se dejó ver entre aquella nube de pensamientos que no dejaban de empujarla hacia uno y otro lado, obligándola a elegir entre la realidad y la memoria borrosa de sus recuerdos. 
Sin pensar y ateniéndose a sus impulsos, un ok se escapó de sus labios tímidamente mientras sus dedos apretaban con fuerzas el mando del dvd y la imagen de una frase de Alfredo a Totou serpenteaba entre sus ojos: “No vuelvas, no escribas, no llames, hazme caso. Hagas lo que hagas, ámalo; como amabas la cabina del cine Paradiso”.
Y una lágrima dulce rodó por sus mejillas y se ahogó en la profunda espesura de la moqueta bajo sus pies descalzos.


Restaurante A la Frégate, en París.

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