Amanece. Anoche me fui a andar. Volví tarde. Estaba el aire cargado de humedad. No hacía frío, tampoco calor. Solo los perros cortaban el silencio con sus ladridos intempestivos al escucharme andar.
A lo lejos se escucha un gallo. Los pájaros se desperazan en sus nidos y comienzan a sobrevolar el pueblo es busca de comida.
Otra noche que se va, otro día que comienza. El reloj marca impertérrito las horas.
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