El sol se ocultó entre las nubes del atardecer, mientras sus rayos se dejaban sentir en la piel aún caliente de ella. Estiró sus brazos queriendo alcanzarlo, pero el ocaso se lo tragó en apenas unos segundos. Se sentó sobre la hierba fresca y se descalzó. Miró a poniente y suspiró. Mañana nacería un nuevo día, y con él un sol renovado.
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