Sunday, November 11, 2012
La segunda copa empieza a hacer su efecto y voy notando un hormigueo que me sube desde las piernas y se va concentrando a la altura del pubis. Un calor invade mi espina dorsal y escala mi espalda hasta la nuca. Mientras me sigue hablando, me quito el top y el sostén, y Roberto detiene de repente su monólogo, visiblemente sorprendido. Sin avisar, se tira bruscamente sobre mis pezones y me los aprieta como si estuviera intentando deshinchar un globo. Me siento convertida de repente en un hueso de goma para cachorros. Luego, babeando, me coge el pezón izquierdo entre el pulgar y el dedo como quien intenta encontrar la estación de radio de los cuarenta principales. Odio eso, pero le dejo hacer. Seré sincera: todo me lo he buscado cuando acepté entrar en su habitación.
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